La Espirulina: El Superalimento que Conecta a Nuestros Ancestros con la Nutrición Moderna
Hace más de 500 años, en la antigua ciudad de Tenochtitlán, los aztecas recolectaban en el gran Lago de Texcoco un espeso limo verde que parecía emanar de las piedras y que nadaba abundantemente en las oscuras aguas.
Esta sustancia, conocida como tecuitlatl, jugaba un papel importante en la dieta de los aztecas. La recolectaban con mallas finas y luego la extendían formando una gruesa capa en la orilla del lago, hasta que se secaba al sol.
La espirulina, también llamada tecuitlatl, pertenece al grupo de las cianobacterias fotosintéticas. Se distribuye en ambientes salobres, de agua dulce y marinos. Su alto contenido de proteínas, ácidos grasos (como el ácido linolénico omega-3), pigmentos (clorofila a y β-caroteno), vitaminas, antioxidantes y minerales la clasifica como un suplemento nutricional para los seres humanos. Asimismo, en el sector alimentario se utiliza como colorante natural y ayuda a prevenir algunas enfermedades.
Actualmente, la espirulina tiene un gran potencial como alimento GRAS (generalmente reconocido como seguro). Su versatilidad y beneficios nutricionales la posicionan como una opción interesante para la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.
En resumen, la historia de la civilización azteca está entrelazada con el potencial actual de la espirulina como valioso recurso biotecnológico. Su riqueza nutricional y sus aplicaciones en la industria alimentaria hacen de esta cianobacteria un tema digno de atención y estudio continuo. La espirulina no solo nos conecta con nuestro pasado, sino también con nuestro futuro en la búsqueda de soluciones sostenibles y saludables.
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